¿Qué diferencia hay, si lo concibo como una sinfonía en amarillo, que mi amarillo fundamental sea o no el amarillo de las hojas? Eso no agrega ni quita nada. Mucho depende, hasta diría que todo depende  del sentimiento que tenga de la infinita variedad de tonos de una misma familia.

Vincent Van Gogh

Sé que se ha escrito cantidad de libros tratando de entender o de diagnosticar una enfermedad en Vincent  V. Gogh (esta manía que tenemos los humanos de encasillar las cosas, para poder asirlas, hacerlas nuestras y llevárnosla con ellas) Lo mío son simplemente impresiones, pocas, breves,  que he tratado de expresar desde algún lugar de la no mente.

Cuando me disponía a transcribir las sensaciones que me produjo leer “Cartas a Theo” / Vincent Van Gogh, me encontré con este poema de una pequeña gran artista, que anda pincelando el aire de sueños y sonrisas.

Un anhelo infértil

pretendía quitarme

esta satisfacción

Si pudiéramos ver el

color del perfume

y el compás de las

semillas…

Las semillas

deben viajar en

halos de fragancia

como gotas levitando

Las sorpresa inundó

mis expectativas

El pincel y el milagro de los

matices,

extraño sentido de luces,

insondable realidad

Mis deseos durmiendo

en la imaginación,

nacen y se recrean en la

representación

La imagen se aloja a tu lado

El eco de la estética te impregna

Qué tu imaginación se reproduzca

y una onda fugaz, en sinergia

con mis latidos,

me haga saber que andás dejando

tu brillo

en el mundo de los sentidos.

Lucía, la pequeña gran artista, no sabía que leía  las cartas de Vincent a Theo y yo no sabía que en su poema, podía encontrar tantas sensaciones parecidas al leer esas cartas.

Sinergia, sincronismo, ¿causalidad?

Hilos invisibles que  atan, anudan, rozan  mundos  ignotos y quizá, no tanto.

Volvamos a las cartas. Mientras  leía, ni por un momento atravesó mi mente, que V. V. Gogh supiese escribir. Y cuando digo escribir, me refiero lisa y llanamente al hecho de escribir. Durante toda la lectura (para mí), él es Pintor, o mejor decir, él es la pintura, el color y  la búsqueda. La pasión ilimitada, frenética.

Mirar su caligrafía me deja estupefacta, es como si  no pudiese colocarlo en calidad de hombre que escribe, que sabe escribir.

Su pasión es la pintura y lo es tanto, que muchas veces pierde de vista el resto. Sin por ello dejar de considerar a otros pintores (su sueño anhelado: establecer una comunidad de pintores) su adorado hermano y su familia.

Entonces Van Gogh es

Un girasol inmenso, brillante, con los bordes desplegados al viento, a la naturaleza, al cielo, al sol. Es también los campos de trigo, la pincelada espesa pura, de colores fuertes, quebrados, ocres, resplandecientes. Es la línea estudiada de grafitos y carbonillas que se despliegan en miles de estudios. La sombra y la luz, que se agrava o  suaviza según el modelo, estudio o naturaleza.

Vincent es la pintura, no ya el hombre suficiente, adolorido, triste y enfermo.  Vincent es la pintura, porque la pintura ha tomado posesión de su cuerpo y de su mente. Su alma que observa impávida los movimientos, no se deja arrebatar, y en esa lucha transcurre su andar.

Curioso, porque cuando uno lee “Cartas a Theo” tiene la impresión, al menos la tengo yo, de que Vincent , por sobre todas las cosas, lo que más anhela lograr con su pintura, es captar la esencia, el alma de las cosas y los seres.

Irónico, ¿verdad?

Entonces él es

el girasol y los campos de trigo,

los jardines floridos, los árboles en flor,

el retrato de sus campesinos,

su propio retrato,

la luna,

la noche,

los bares de una Francia

que languidecía de alcohol

y melancolía

Vincent  en su pasión irreverente, desenfrenada,  nos regala cantidades infinitas de luz; justamente él, que parecía vivir del lado de la sombra.

Vincent se anticipa y participa de un tiempo que no llegará a ver,  porque su corazón se ha cansado, y da pena leer que una genialidad así, partiera tan temprano.

Las imágenes fueron tomadas del siguiente link

http://the-inner-art.blogspot.com.ar/

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