Archivo de la etiqueta: pies

poesía y esa extraña manera de decir las cosas…

A veces,
me sostengo entre tus líneas,
clave de sol en la memoria
Otras,
entre tu risa imaginada
Trapecista
en la comisura de tus labios
invoco poemas

A veces,
cuando cae la tarde,
retozo entre el otoño,
desnudo amarillos con
los pies
Otras,
descanso mi cuerpo
oigo vivir
Susurro caricias
Te nombro

A veces,
entre tus líneas,
el otoño
tu sonrisa
mi cuerpo.

Anuncios

Los pies.

Acabo de darme cuenta. Me estoy muriendo desde los pies. Sí. Un día se enfriaron y ya no hubo forma de volverlos a calentar. Mirá que probé todas las alternativas disponibles. La bolsa de agua caliente. Los calcetines de lana de oveja. Las dos cosas juntas. El ladrillo,  previa cocción (la segunda) sobre la hornalla de la cocina, envuelto en papel de diario y colocado entre la sábana de abajo y de arriba. En medio, mis pies  con las medias  de lana y la bolsa de agua caliente. Nada. La temperatura se parecía a la de un témpano, o eso creo, nunca estuve cerca de un témpano. Hace una semana, una amiga,  me aconsejó  hacerme acupuntura. Qué seguro  saldría adelante. Qué seguro con ello podría detener el enfriamiento global que estaba sufriendo mi cuerpo.  Accedí. Fui a un médico chino. En mi país hay muchos. Yo no sé si son chinos de verdad. Me cuesta creerles cuando te hablan y te miran como si miraran por una mirilla. Ah, eso sí, todos los que he tenido el placer de conocer y no volver a ver, tienen los ojos achinados. Así, así como si fuesen dos guiones extendidos sobre el rostro, que cuando se abren, es como si líneas ausentes de tiempo, nos regalaran un pequeña hendidura de luz para escudriñar no sé qué cosas. Me fui. Sí. Perdón. 
La cuestión es que accedí al  implorante y vivo petitorio de mi amiga y allá fui. Allá, al médico chino.
Imagínate mi sorpresa, cuando don Uguru  sentenció: “señora ¿cómo hacer yo  acupuntura en los pies, si los pies no están?”
Ni modo, nadie entiende que yo los siento como si estuvieran ahí. Vivos, de carne y hueso. Sí hasta lo siento fríos y el frío sube lento por mis piernas.  Qué no me vengan hablar de síndrome del miembro fantasma, o el fantasma de mis miembros, o qué se yo. Cómo si  no supiera que no los tengo, lo sé.
También sé que están ahí, los siento y tienen frío.
 
 
 

breves, brevísimos…

Pies descalzos

de niña

cruzan el asfalto

caliente

sediento de mar

***

Si mis pies no atinan el paso

Y sueños inoportunos

se duermen entre

las manos

Tenderé versos

al atardecer

***

Ancestral,

rozo la extensión de una orilla

que me desconoce.

Soy océano, arena

ola

Cuerpo líquido que besa

huellas.