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Indicios

¿Te conté? Trabajo en una biblioteca.. Allí los libros son habitantes eternos hasta que la humedad o los famosos pececitos de plata se empeñan contra ellos. O, hasta que amigos de lo ajeno, lo secuestran para siempre. El hecho es que muchas veces los libros contienen huellas de aquellos que los tuvieron entre sus manos. Indicios. Aparecen como por arte de magia. Así, vamos rescatando memorias extranjeras, inhóspitas, aletargadas en camas de papel.

Justamente ahora, tengo revoloteando entre mis dedos la carátula de un  casette.  ¿Cuánto hace que no uso casettes?

Me doy cuenta que no hago otra cosa que pensar en ti. Introducción de luz verde para alguien como tú que, culpable o no, y hasta que me olvides habrá de pasar un rato. Y digo un rato, por no decir un along algon time. Ya que soy el rey, y que a pesar de serlo y de tenerlo todo, tengo todo excepto a ti. No sé tú, pero yo me bajo del trono doy la media vuelta y espero hasta el día que me quieras. ¿Cómo es posible que alguien como tú, se atreva a rechazarme?
Si somos novios y sin ti, yo rey sin corona tejí una historia de amor, suave. 
Grrrrr No culpes a la noche. No culpes a la playa, no culpes a la luna ¿será que no me amas? 

¡Ay! Boleros. Qué no. No tienen nada que ver con  las boleadoras que usaban los gauchos para atrapar animales.  Los boleros son más bien canciones para atrapar corazones; y Luis Miguel era tan jovencito cuando se lanzaba al ruedo…

Huellas lectoras.


seguimos tejiendo ¿Dónde anida tu alma?

Constelación
Sí, hoy.
Golondrinas.
Golondrinas
como estrellas estampadas
en la noche.
Algunas con los ojitos cerrados,
otras,
con las alas
dibujando profecías.

 

Sí, hoy.
Cuando nidos invisibles
reclaman su
pedacito de cielo.

 

 

El cielo, las constelaciones, los pájaros. Todo podría asociarse al alma.
Un colibrí.
El amarillo del otoño.
La sonrisa del bebé. Su mirada curiosa.
Las manos cansadas y rugosas de los ancianos, que a pesar del tiempo, siguen creando, tejiendo vida.
La gota única e impertinente de la última lluvia.
Lo servicial de nuestros animales.
Los abrazos subversivos.
Todos los besos. Menos los insulsos.
La ternura.
La sonrisa.
Las lágrimas.
La tenue y silenciosa luz  de una vela.
La invocación de la música.
La entrega abierta  y confiada al cuerpo  de tu amado/a.
El sendero de un bosque llovido.
Esa línea que te transporta lejos de donde estás leyendo.
Tantas.

 

¿Dónde anida tu alma?
Mientras escribo, escucho a Ludovico Einaudi, te lo recomiendo.

 

 

 

 

 

 

 

 


A Thousand Kisses Dee

 

Leonard Cohen fue cantautor, novelista, poeta. Un completo desconocido para mí, hasta el día que publicaron su fallecimiento y mucha gente que sí lo conocía y lo seguía, lamentó su pérdida.

Entonces… leyendo algunos de esos mensajes tan sentidos me pregunté, ¿quién es/fue  este señor?

Salí disparada a la gran enciclopedia multimedia de Google y aterricé en YouTube.

Y como esos designios brillantes a punta de flecha que vulneran el corazón, caí a mil besos de profundidad.

Me enamoré/ enamoró con la palabra. La palabra recitada. La palabra sencilla que desgrana historias. Historias que nos alcanzan incluso, a distancias siderales.  A mil besos de profundidad.