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La carta

Alta Gracia, a veintiún días de terminar el año.
Desde aquí puedo ver un puñado de nubes alistándose para la tormenta.

 

Querido amigo;
Por fin ha llegado el paquete,  luego de meses de espera. Mi día está reivindicado. No lo puedo creer. Don Hieronymus Bosch, El Bosco, descansa  sobre mi falda. Mientras acaricio su lomo y su cubierta; voy recogiendo información con las yemas de mis dedos teñidos de pintura. Libando lento cada página.
Júbilo, gozo y todos los sinónimos asociados a la infinita alegría, me invade en este momento. Mil gracias por tan preciado
obsequio.
¿Sabés? Creo que  El jardín de las delicias, es un secreto a viva voz; pero estamos sordos.
¿Cuándo fue que nos perdimos?
La otra noche, mientras leía la novela de  Siri Hustvedt,  El mundo deslumbrante,  vino  a mi  mente un pensamiento claro y contundente. Te lo transcribo tal cual “si queremos vencer a la muerte, deberíamos transformarnos en mito, o en su defecto, en una obra de arte consumada por los siglos de los siglos amén” Luego pensé en las esculturas  e imaginé el destino adverso  que suelen  sufrir en sus estáticas posturas, en sus talladas emociones; a expensas de pájaros y humanos desubicados.
A raíz de ello se me ocurrió que preferiría ser cuerpo/ tinta. Un  hilo invisible que va tejiendo historias. Avanzando a ras de tabla,  por esa maravillosa obra que es El jardín de las delicias.
En principio alteraría el orden de los paneles.  El infierno estaría a la izquierda. El paraíso terrenal queda en medio; y la creación a la derecha. Te preguntarás por qué.  Porque a pesar de haber pasado el medio siglo, no abandono la utopía de un mundo mejor para todos.  Con esta disposición  queda una única posibilidad; viajar hacia lo mejor de nosotros mismos. Ya lo sé, suena ilógico, pero…  ¿por qué no pensar que en el principio, el Big Bang fue un infierno? De alguna manera lo fue. De este modo y siguiendo el recorrido visual (a la izquierda está el pasado y a la derecha el futuro) viajaríamos de manera inconsciente, a encontrar lo mejor de nosotros mismos.
Ahora que releo la carta, pienso que la obra debería haberse dispuesto en círculo/triángulo.  No tríptico. Lo cual nos daría la posibilidad de recorrerla desde cualquiera de sus ángulos.
 ¿A caso la vida en su fluir, no resulta aleatoria más de una vez?
Ya ves, mi imaginación no cede un paso ja ja ja
¿Y vos?  ¿Cómo estás? ¿Cómo te las arreglás con esto de ser padre solo?
¿Cómo los trata el frío? ¿Han retomado el ritmo de trabajo?
Aquí el calor nos desgrana  gota a gota.
¿Mi dulce  Josefina sigue pintando ángeles para colgar en el arbolito de navidad? Me deslumbran sus trazos seguros, definidos. Sus colores brillantes  y audaces.
Espero noticias del otro lado.
Un abrazo inmenso que ayude a  menguar la herida.

 

Hieronymus Bosch

Leyendo al Bosco

 

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querido lector

Quiero anticiparte que estas publicaciones serán un revoltijo de preguntas, vivencias, respuestas, imágenes, instantes.
¿No hay hilo de Ariadna posible?
No lo sé.
¿Tendrás ganas de seguir leyendo?
Quien sabe.
¿Acaso, no  odiamos o amamos un autor o libro, por lo que despierta en nosotros?
¿Qué es leer, sino abrir los ojos a un mundo que nos es cercano y ajeno a la vez?
Hablando de vivir…
A la vuelta de casa hay un geriátrico. Está habitado por nueve viejitas. Una en particular, escapa a todas las normas que se imponen en dichos lugares. Ayer cuando salía al trabajo, me crucé con ella en la calle y fuimos juntas hasta la parada de ómnibus. Sus pies mínimos sostenían sus monumentales piernas. Sólo podía dar pasos pequeños. La vida le pesa.
Hubo un largo silencio y luego soltó:
“Los perros son cariñosos y los gatos mimosos, hay una gran diferencia entre cariñoso y mimoso. Uno da, el otro pide”
La maravillosa lucidez de esta mujer que se presenta ante quien quiera escucharla como -“Soy bipolar. Nada grave, un día estoy triste y otro alegre”- Me dejó pensando.
A raíz de ese encuentro escribo en mi cuaderno lo siguiente
Definitivamente hay inmensidades, que nos amarran los pájaros que llevamos dentro.
También hay miedos.
Sí. También hay miedos.

de hilos para una urdimbre

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un paréntesis, para contarles una travesía.

 

Antes de partir a la gran ciudad, inconscientemente he colocado en mis ojos una videocámara.
Una amiga de una amiga me ha advertido que lleve mucha paciencia. Ha dicho: “las colas son eternas y solo entregan 100 números”
Les advierto: estamos en Argentina. El país donde todo es posible. Soy una de sus millones de ciudadanos. Tierra hermosa.
Luego de cuatro meses de andar circulando entre Aduana Buenos Aires y Aduana Córdoba; recibí una notificación del Correo Argentino en la que me informaban que debía retirar en la casa central (léase Córdoba Capital), un paquete que venía desde muy lejos, desde el otro lado del charco y más allá.
Sabía que era un libro, porque mi amigo,  autor de tan bello presente, me escribió preguntándome  si lo había recibido. Que conste que el envío fue realizado allá por septiembre de 2016.
En dicha notificación decía que debía presentarme en la oficina de Aduana del Correo Argentino;  abonar $100 y qué,  por cada día de retención del paquete en depósito me cobrarían $10.
Investigué si correspondía pagar; no porque me fuera hacer más pobre o menos rica, sino porque me latía estafa. Unos me dijeron que no y otros que era la comisión del correo por la gestión. Preguntas:
¿Qué gestión? ¿Acaso no se supone que el correo está para eso, para hacerte llegar a tu casa lo que te envían, salvo que sean compras o cajas muy  pesadas?
En fin… Allá fui.
7.45 hs. La fila a esa altura alcanza los 50 metros; para cuando se decidieron a atendernos y hacer entrega de los números, eran las 9.30.
Fui nominada con el número 69. A esperar de nuevo.
A eso de las 12 estaba dentro de la oficina, que por cierto, es bastante deprimente. El espacio es reducido y no hay baños para los que allí esperamos como mansos borregos. Sí,  mansos borregos. Todos haciendo gala de una paciencia infinita y con unas ganas locas de salir de allí.
El calor aprieta y un ventilador gigante como molino de viento, apacigua el ambiente caldeado. Los ánimos van subiendo de temperatura. Nos vamos desgranando gota a gota.
El policía de turno se cree emperador, y habla de muy mal  modo a quien pregunta o quiere saber.
Nos miramos, nos quejamos en voz baja, y nos reímos porque no lo podemos creer. Somos los borregos de una burocracia irrespetuosa, de un sistema que no tiene por objetivo, el bien ciudadano ni de su tierra.
Por fin me llaman. Dos veces.  Lo hacen desde el fondo y no se entiende mucho.
Llego al escritorio de empleado y saludo. Me mira como si fuese de otro planeta, y creo que eso, saludarlo, acrecienta su cara de culo. Sin mirarme me pide la declaración jurada simplificada. Le respondo con tintes de enojo,  que no la necesito porque lo que me envían es un libro. Otra vez la cara de culo.
Toma el paquete de muy mala gana y de repente saca una trincheta de no sé dónde y lo abre como si estuviese abriendo la panza de un pescado. Mis ojos se cayeron del espanto. Temía por el libro. Me mira y balbucea no sé qué cosa.  Lo sigo en estado de trance.
Vuelve de dejar el paquete en un estante y me dice (siempre de muy mal humor) a la fila para que se lo entreguen.
Cuando llego a la otra sección de la fábrica de borregos, pregunto: ¿Por qué no me enviaron el libro a casa?  Silencio
¿Por qué debo pagar los $100? -Gestión del correo-.
¿Me podés dar el ticket? –Sí-.
Salgo airosa y con el libro entre mis brazos. Antes me he puesto de acuerdo con las chicas que estaban detrás  mío, para tomar un café en el bar de al lado.
Y mientras corroboro que todo esté bien, pienso en esa gente que está lejos de la capital; de la gran urbe. Que vive en el norte, sur ,este u oeste. ¿Cómo llegamos a esto?
Parece increíble. Una película surrealista.  No. Me equivoco. Somos un país surrealista que se cree el mejor. Para males,  los que dicen representarnos, se representan así mismos para su prole y sus amigos.
Aclaro que soy de las que creen que, hasta que no aprendamos a respetarnos y a valorarnos entre nosotros (algunos quisieron infiltrarse en la fila) seguiremos teniendo gobiernos de irrespetuosos y bandidos.
Pero como no me gusta criticar y no proponer soluciones, aquí algo que se nos ocurrió con mis compañeras de aventura.
*Instalar oficinas de aduanas,  en sucursales de correo argentino en aquellas ciudades que superen los 50.000 habitantes; para así descongestionar la casa central, acelerar las entregas, evitar el congestionamiento humano y por ende hacernos la vida a todos un poco más digna; que para eso se supone  están en el gobierno.
Los que tengan que pagar por sus compras deberán hacer los trámites en la sucursal de Afip (Administración Federal de Ingresos Públicos) más cercana y presentarse con la documentación.
Si quieren evitar que la gente compre fuera del país. Establezcan un sistema económico más justo y equilibrado. No puede ser que seamos un país tan caro.
Y si esto no le hace gracia, pónganse a trabajar por el bien de todos y a ver como lo solucionan. Porque a nosotros tampoco nos hace gracia tanta tomada de pelo.
Unas gracias enormes a  mi querido amigo, por tan bello presente.

 

Aquí algunas fotos

 

  • La primera la subí a Twitter cuando andaba rastreando los caminos del libros, en las otras, nosotros haciendo fila para recibir los números.

ocurrencias

Se me ocurre que los amores son como los buenos libros; si tenés suerte de dar con ese libro que despierte tu apetito por la lectura  hasta tu final ineludible; habrás amado, digo leído. Se me ocurre que si uno da con esa persona capaz de despertar en nosotros la capacidad de amar infinitamente hasta el cielo ida y vuelta; habremos leído en las huellas, los pliegues, las miradas, los gestos y los actos de cada persona que cruzó por nuestras vidas. Se me ocurre que encontrar ese libro que despierte tu amor por la lectura; es como encontrar ese amor infinito que despierta tu lectura amorosa de la vida.
Se me ocurren tantas cosas… Algunas no muy santas, otras locas como este juego que imaginé para armar historias.
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Infinitas posibilidades de armar una historia
Algo parecido al cubo Rubik, solo que en vez  de tener colores contiene las siguientes imágenes. Sonrisas, lágrimas, caras de enojo, mar, avión, sueños de terror y sueños dulces, caras de tristeza infinita, caras de enamorados, cielo, sol, luna, el planeta azul. Ah, también tenemos dos ríos, barco, tren, colectivo. Los colores del otoño, flores incandescentes, copos de nieve y lluvia fría. Un beso dulce, otro apasionado, otro de esos que se dan al aire. Caminos de tierra, senderos firmes, colgantes, boscosos. Asfalto, ciudades pequeñas y ciudades gigantes.Sillas, mesas, camas, copas, tazas.  Agua, vino, jugos frutales y soda. Cuerdas, alambres, clavos, martillos. Madera, papel, bolígrafo, lápiz negro y lápices de colores y un cubo que completa el gran cubo, que no tiene nada, representación del vacío o el silencio. Pájaros, animales y uno que contiene la palabra Dios. Ahora queda cerrar los ojos y efectuar siete movimientos. A partir de allí nace la historia.
¿Misterio? ¿Destino? O ¿causalidad?
Te toca jugar.

En cuerpo y voz / la biblioteca

Hoy, que me voy muriendo de a poco
y los libros me van dejando
Me declaro en Estado de Poesía
Alerta
empobrecida
vestida de sepia
de tanto llorar
quiero ser Poesía


Hoy, que las historias
duermen bajo  el polvo
y el herrumbre
bajo minúsculos organismos
vestidos de luto
y no hay niños, ni murmullos
ni “vení que cuento”
ni cruce de pareceres
ni trasmisión oral de los
sucesos callejeros
Me declaro en Estado de Poesía
Ruinosa
Alerta
Sucia
Sepia


Te leo poeta
bajo ésos párpados de cuero dormido,
amohosado
desintegrado
Las hojas,
pañuelos de mis
lágrimas, se esfuman
bajo mil miradas.
La divina comedia, Don Quijote, El extranjero
y el Martín Fierro se
cuentan historias dentro de una caja
Sancho Panza reniega, su cuerpo le
juega una mala pasada
Los veo y se me rasgan
las ganas
los sueños
el silencio
Me declaro en Estado de Poesía
Sepia
Sucia
Ruinosa
Alerta
 

¿Alguien me escucha?
Mi cuerpo se deshace
Soy piel vieja y huesos
¿Quién será vientre para
tantas voces,
hoy que estoy pariendo
antes que se mueran dentro?
¿Quién oídos?
¿Quién corazón generoso,
solidario?
Hoy
me Declaro en estado de Emergencia
y me nazco Poesía.
 

 


+árboles+vida+libros

“Sin árboles, no habría libros en papel. Sin libros, no habría posibilidad de volar, crecer, imaginar, pensar, debatir, disfrutar, viajar, soñar y más. Sin árboles, ¿en qué sombra te sentarás a leer?
¿Qué tenés que hacer? Plantar un árbol o reglarlo a un amigo, parque o plaza”.

campañalibrosarboles-002

Por allá en agosto del 2014 publiqué un post amores que matan que dio origen a una serie de comentarios. A partir de allí con Julia, amante lectora y escritora Danioska decidimos que había que hacer algo, y así fue. Hoy queremos convocarlos a vos, editorial, biblioteca, librería, amante lector. A vos, que te gusta regalar libros porque sabés que ellos encierran un tesoro único para cada lector. A vos, sí. También a vos, municipio, gobierno, escuela, te convocamos, porque sin el conocimiento y el placer que nos dan los libros, estaríamos seguramente en la prehistoria, o no, quién lo sabe. Sin embargo no podemos negar ¡cuánto nos dan!

Devolvámosle al Planeta tanto beneficio y sigamos beneficiándonos todos.

Sembremos Árboles para que sigan creciendo Libros.

Gracias por tu colaboración y ayúdanos a divulgar.

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Sabías que, según datos tomados de internet
“Se utilizan unos 17 árboles para fabricar una tonelada de papel. Es decir que, de reciclarse unos 54 kilos de papel, se ahorraría el uso de 1 árbol en la industria. Un árbol proporciona oxígeno para que respiren 3 personas al día”