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ocurrencias

Se me ocurre que los amores son como los buenos libros; si tenés suerte de dar con ese libro que despierte tu apetito por la lectura  hasta tu final ineludible; habrás amado, digo leído. Se me ocurre que si uno da con esa persona capaz de despertar en nosotros la capacidad de amar infinitamente hasta el cielo ida y vuelta; habremos leído en las huellas, los pliegues, las miradas, los gestos y los actos de cada persona que cruzó por nuestras vidas. Se me ocurre que encontrar ese libro que despierte tu amor por la lectura; es como encontrar ese amor infinito que despierta tu lectura amorosa de la vida.
Se me ocurren tantas cosas… Algunas no muy santas, otras locas como este juego que imaginé para armar historias.
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Infinitas posibilidades de armar una historia
Algo parecido al cubo Rubik, solo que en vez  de tener colores contiene las siguientes imágenes. Sonrisas, lágrimas, caras de enojo, mar, avión, sueños de terror y sueños dulces, caras de tristeza infinita, caras de enamorados, cielo, sol, luna, el planeta azul. Ah, también tenemos dos ríos, barco, tren, colectivo. Los colores del otoño, flores incandescentes, copos de nieve y lluvia fría. Un beso dulce, otro apasionado, otro de esos que se dan al aire. Caminos de tierra, senderos firmes, colgantes, boscosos. Asfalto, ciudades pequeñas y ciudades gigantes.Sillas, mesas, camas, copas, tazas.  Agua, vino, jugos frutales y soda. Cuerdas, alambres, clavos, martillos. Madera, papel, bolígrafo, lápiz negro y lápices de colores y un cubo que completa el gran cubo, que no tiene nada, representación del vacío o el silencio. Pájaros, animales y uno que contiene la palabra Dios. Ahora queda cerrar los ojos y efectuar siete movimientos. A partir de allí nace la historia.
¿Misterio? ¿Destino? O ¿causalidad?
Te toca jugar.

lee por mí

Ella repartía ante un público expectante, poemas.
Poemas huecos, profundos de sonidos brillantes.
Le decía a cada espectador: por favor, lee por mí, que tengo la garganta terrible, que me duelen la vocales, las palabras y me atraviesan consonantes.
Lee por mí (lo decía con voz clara, secreta).
Lee al vagabundo de la esquina, al caballero oxidado, a la viejita plateada, a la adolescente feroz, al niño caperucita, a la señora engominada, al joven imaginador.
Lee por mí, que yo no puedo con esta impertinencia.