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alguien dentro mío pregunta

¿Escribís el dolor?
No. Hay demasiado dolor dando vueltas por el mundo; para que sumarle uno más. Aunque en honor a la verdad… alguna que otra vez, he llorado letras-dolor-rabia en el papel.
¿Se puede escribir el dolor?
¿Se puede? No lo creo.
¿Por qué?
Porque es muy íntimo. Si lo has vivido, sabés que se siente como una puñalada en el pecho.  ¿Te das cuenta que utilizo una metáfora para poder contarlo? Mil metáforas distintas e iguales en su sentido  no podrían explicar lo que se siente, sea dolor, amor, felicidad, ternura, fiereza. Lo podemos imaginar, pero la única manera de saber de qué se trata, será vivirlo.
Otro ejemplo.
Quiero contarte lo que sentí al conocer a una determinada persona, que quiero mucho. Entonces te digo “conocerlo fue como tocar el cielo con las manos”
¿Has tocado el cielo con las manos?
La palabra además de la comunicación cotidiana, también nos sirve para crear mundos  metafóricos que puedan decir lo imaginado o sentido, sobre todo si hablamos de poesía.La palabra es canal, medio, herramienta. Nunca la experiencia en sí.
¿Por qué escribís?
Porque en la escritura puedo puedo vislumbrar-me, en partes, como un espejo roto.
Calidoscopio de yoes.
Sí y no. Si fuésemos exactamente igual a todos los días ¿cómo sería posible el nacimiento, el crecimiento, incluso la misma muerte? ¿Podemos decir que estamos vivos? ¿Te has puesto a  pensar que el nacimiento implica una pequeña muerte? Pasamos de un estado líquido a uno gaseoso. Parece increíble.
Otro ejemplo. ¿Cómo hacerte sentir lo que siento, bajo este fresno inconmensurable vestido de otoño. Jugando sus amarillos con mi cuerpo. Perfumando con sus ocres la piel? Aromas de la tierra en su descenso.
¿Cómo?
Dice Cortázar: 
“Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”. ….

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de hilos para una urdimbre

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Corazón

Es el corazón que late pensamientos y establece asociaciones.
El corazón que fisgonea entre las sombras y dispara dardos contra todo y contra sí mismo porque no quiere transitar lo ya transitado.
Es el corazón comiéndose a sí mismo. Regurgitándose en la tristeza. Construyendo blasfemias para no dar la cara, para no decir: esta boca es mía y mío lo que sale de esta boca. Borbotones rojos.
Palabras heridas de muerte antes de alcanzar el éter, hebras infinitas, rotundas.
Es el corazón y su silencio de templo guiando los recuerdos. Recuerdos de espadas filosas, de dulces pétalos enredándose. Tela de araña inmutable.
En medio, una cicatriz antigua como la vida misma, vociferando: “hablemos”.
Es el corazón y su abismo.
Aquí los despojos.
Aquí la posibilidad del rayo y la luz.