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de hilos para una urdimbre…

La velocidad de los días.

A veces el cuerpo urge con sus razones. Late al compás de un corazón entorpecido por el vértigo.

¿Cómo se recorre un camino que viene enrevsado de ansiedades?        Nos faltan ojos. Ver. Sentir los pasos. A veces… detenernos para seguir. Escuchar/nos.  En la velocidad, se me antoja que el alma se ausenta. Imagino que tiene su propio ritmo. Me atrevería a decir, que ostenta el ritmo del universo; que se manifiesta en la armonía, la risa, el juego, el llanto. En el silencio, los sueños,  la comunión sexual, amorosa, en el diálogo o el debate. En ese rayo de luz filtrándose por las hojas recién nacidas del roble, en el aire diáfano, en la grieta y la sombra que dibuja mi silueta.

¿Dónde está? ¿Dónde estás?

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