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seguimos tejiendo ¿Dónde anida tu alma?

Constelación
Sí, hoy.
Golondrinas.
Golondrinas
como estrellas estampadas
en la noche.
Algunas con los ojitos cerrados,
otras,
con las alas
dibujando profecías.

 

Sí, hoy.
Cuando nidos invisibles
reclaman su
pedacito de cielo.

 

 

El cielo, las constelaciones, los pájaros. Todo podría asociarse al alma.
Un colibrí.
El amarillo del otoño.
La sonrisa del bebé. Su mirada curiosa.
Las manos cansadas y rugosas de los ancianos, que a pesar del tiempo, siguen creando, tejiendo vida.
La gota única e impertinente de la última lluvia.
Lo servicial de nuestros animales.
Los abrazos subversivos.
Todos los besos. Menos los insulsos.
La ternura.
La sonrisa.
Las lágrimas.
La tenue y silenciosa luz  de una vela.
La invocación de la música.
La entrega abierta  y confiada al cuerpo  de tu amado/a.
El sendero de un bosque llovido.
Esa línea que te transporta lejos de donde estás leyendo.
Tantas.

 

¿Dónde anida tu alma?
Mientras escribo, escucho a Ludovico Einaudi, te lo recomiendo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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de hilos para una urdimbre…

La velocidad de los días.

A veces el cuerpo urge con sus razones. Late al compás de un corazón entorpecido por el vértigo.

¿Cómo se recorre un camino que viene enrevsado de ansiedades?        Nos faltan ojos. Ver. Sentir los pasos. A veces… detenernos para seguir. Escuchar/nos.  En la velocidad, se me antoja que el alma se ausenta. Imagino que tiene su propio ritmo. Me atrevería a decir, que ostenta el ritmo del universo; que se manifiesta en la armonía, la risa, el juego, el llanto. En el silencio, los sueños,  la comunión sexual, amorosa, en el diálogo o el debate. En ese rayo de luz filtrándose por las hojas recién nacidas del roble, en el aire diáfano, en la grieta y la sombra que dibuja mi silueta.

¿Dónde está? ¿Dónde estás?


a veces los hilos son invisibles

Volviendo a los hilos.

Unos días atrás, me encontré con un viejo conocido. Pintor él, que estaba restaurando los murales de la vieja catedral de la ciudad. Nos pusimos a charlar sobre pintura, escultura, fotografía, literatura y sobre la situación en que se encontraba la biblioteca en la que trabajo. Fue un instante. Miró hacia adentro de la biblioteca, me miró y dijo: “vos tendrías que estar viviendo en una casa frente al mar, haciendo lo que te gusta”  Quedé perpleja. ¿Cómo lo supo? Ese es un sueño que mantengo a fuego lento, desde hace muchos años.

Luego pensé en esos  hilos invisibles que nos unen.

El resto del día no pude hacer otra cosa que pensar en sus palabras. Lo veía. Su cabello anaranjado. Sus ojos. Su rostro de hombre mayor y de haber andado mucho y bien, me resultaban casi mágicos.

A lo que no puedo explicar, lo llamo magia, misterio.

Indudablemente hay gente que nos puede leer el alma, o los deseos.

¿Te das cuenta? Otra vez invocando el alma.

Ha de ser porque estoy impregnada del libro que te mencionaba. Anam Cara. Allí menciona que los celtas creían que el cuerpo estaba en el alma, y no al revés como lo tenemos aprendido los occidentales.

Pensalo. ¿Cambia verdad?

Es gracia a ese libro y  a otras circunstancias, que de tanto en tanto logro conectar con mi alma. Ojalá pudiéramos sentirla con más frecuencia y prestarle más atención. ¿Cómo describirte lo maravilloso que se siente, sentarse a su vera?

¿Estás hablando del alma?

Sí.

¿Cómo conectar?

En verdad no lo sé. Puedo decirte que requiere quietud. Silencio.

Alma: ¿luz, reflejo, movimiento sutil? ¿Verbo?

 

de hilos para una urdimbre


foto/poema


onírica

Amanecer con tus ojos penetrando la espesura de este ser enmarañado. Soñar que tus manos me alcanzan, cuando intento huir, seguir huyendo… Soñar que mi alma alza vuelo por sobre todas las cosas, y sin miedos, amanecer  a orillas de tu corazón.