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breves, brevísimos…

Sueño al margen de una página, que espera por tus dedos.

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Ya no quiero recorrer paisajes. Quiero viajarte.

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Así como lo ves. Si lloro, brillo. Si río, lluevo.

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Los martes eran de color azul; como el fondo de tu ombligo, la planta de tus pies; como nuestro amor del revés.

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Comer de tu mano como pajarito. Rebanarme las alas.

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el vuelo de los pájaros

¿Te acordás? Era tan singular el vuelo de esa pájara traviesa. Sabíamos que era pájara porque no dejaba que el macho se acercara, y él, inquieto y decidido desplegaba sus alas, retornaba al vuelo, a distintas ramas.
La muy pilla no le daba descanso. Lo picoteaba a ratos. Como al descuido lo alcanzaba con unas de sus alas por sobre su cabecita y luego partía, no muy lejos, pero a cierta distancia; así él podría intentar otra vez el juego de seducirla, para que con el paso del día pudiera hacerla suya.                               Gotas de rocío como diamantes perfectos, sonreían al nuevo día.
¿Te acordás? Nos miramos y lo supimos. Sentimos la herida en la carne y quisimos probar. Trepamos a los árboles, nos acariciamos con los brazos extendidos. Próximos, un albur nos envolvió. Jugamos, reímos.
Al caer la tarde, un nido florecido, dio a luz un sueño.


Leonardo Da Vinci

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Cayeron sus ojos desde el barranco, a la orilla sempiterna que divide la tierra del mar.
Se detuvieron indolentes sobre la espuma de una ola enajenada.
Fue un instante. Quiso volar. Su cuerpo inmóvil sin alas, lo censuró.
Corrió a su estudio. Agotado, sin aire, tomó lápiz y papel y comenzó a proyectar.
Diseñó alas, vuelos, pasado y presente. Diseñó futuro.