Archivo de la categoría: Poesía y esa extraña manera de decir las cosas

leerte es nuestro mejor homenaje

Supiste conquistar el corazón de grandes y chicos. Supiste llegar a cada lector que encontró en tus palabras una nueva mirada. Nueva luz. La poesía eran ríos mansos que peregrinaban tus relatos. Generosa, brillante, sensible. Hace unas semanas decidiste volar ¿a otros mundos, a otros cielos?

Seguiremos conjurando tu partida en cada lectura.

 

“Ven, Wilkilén, siéntate a mi lado… Voy a contarte de una

que a partir de esta noche será mi hermana y compañera eterna.

No te asustes cuando escuches su nombre ni la culpes por hacer lo necesario.

¿Conoces a alguien a quien le agrade comer manzanas que pendan

años y años de los árboles?

Tampoco lo conozco yo.

Y, dime, ¿cómo nacerían las manzanas nuevas si las que ya cumplieron

con lo suyo no dejaran sitio en las ramas?

¿Podríamos tú y yo ser viejas al mismo tiempo?

¿Quién le enseñaría a quién?

La hermana muerte carga con una tarea que todos comprenden

pero que pocos perdonan.

Sin ella, los hombres no mirarían al cielo en las noches claras.

Tampoco cantarían.

Sin ella no existirían el suspiro ni el deseo.

Sin ella nadie en este mundo se ocuparía de ser feliz.

Liliana Bodoc – Los días de la sombra. Saga de los confines.

¡Hasta siempre! Te vamos a extrañar.

 

 

 

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Corazón

Es el corazón que late pensamientos y establece asociaciones.
El corazón que fisgonea entre las sombras y dispara dardos contra todo y contra sí mismo porque no quiere transitar lo ya transitado.
Es el corazón comiéndose a sí mismo. Regurgitándose en la tristeza. Construyendo blasfemias para no dar la cara, para no decir: esta boca es mía y mío lo que sale de esta boca. Borbotones rojos.
Palabras heridas de muerte antes de alcanzar el éter, hebras infinitas, rotundas.
Es el corazón y su silencio de templo guiando los recuerdos. Recuerdos de espadas filosas, de dulces pétalos enredándose. Tela de araña inmutable.
En medio, una cicatriz antigua como la vida misma, vociferando: “hablemos”.
Es el corazón y su abismo.
Aquí los despojos.
Aquí la posibilidad del rayo y la luz.


Alicia sigue girando

alicia1

En este día de nubes
y fríos desenvueltos
encontramos en un rincón
a la niña de Carrol Lewis.
Viene desde muy lejos
de un País de  Maravillas.
Nos cuenta
cuentos
disparatados.
Qué las orugas
dan consejos.
No duerman
-dice Alicia.
No dormimos
-dicen ellos.
Aparece la magia.
Niños y niñas
ya están adentro.
alicia2
Éstas son algunas de las ilustraciones originales que se utilizaron cuando salió el libro de Lewis Carrol; Alicia en el país de las maravillas y que estuvo a cargo de John Tenniel 

En cuerpo y voz / la biblioteca

Hoy, que me voy muriendo de a poco
y los libros me van dejando
Me declaro en Estado de Poesía
Alerta
empobrecida
vestida de sepia
de tanto llorar
quiero ser Poesía


Hoy, que las historias
duermen bajo  el polvo
y el herrumbre
bajo minúsculos organismos
vestidos de luto
y no hay niños, ni murmullos
ni “vení que cuento”
ni cruce de pareceres
ni trasmisión oral de los
sucesos callejeros
Me declaro en Estado de Poesía
Ruinosa
Alerta
Sucia
Sepia


Te leo poeta
bajo ésos párpados de cuero dormido,
amohosado
desintegrado
Las hojas,
pañuelos de mis
lágrimas, se esfuman
bajo mil miradas.
La divina comedia, Don Quijote, El extranjero
y el Martín Fierro se
cuentan historias dentro de una caja
Sancho Panza reniega, su cuerpo le
juega una mala pasada
Los veo y se me rasgan
las ganas
los sueños
el silencio
Me declaro en Estado de Poesía
Sepia
Sucia
Ruinosa
Alerta
 

¿Alguien me escucha?
Mi cuerpo se deshace
Soy piel vieja y huesos
¿Quién será vientre para
tantas voces,
hoy que estoy pariendo
antes que se mueran dentro?
¿Quién oídos?
¿Quién corazón generoso,
solidario?
Hoy
me Declaro en estado de Emergencia
y me nazco Poesía.