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Indicios

¿Te conté? Trabajo en una biblioteca.. Allí los libros son habitantes eternos hasta que la humedad o los famosos pececitos de plata se empeñan contra ellos. O, hasta que amigos de lo ajeno, lo secuestran para siempre. El hecho es que muchas veces los libros contienen huellas de aquellos que los tuvieron entre sus manos. Indicios. Aparecen como por arte de magia. Así, vamos rescatando memorias extranjeras, inhóspitas, aletargadas en camas de papel.

Justamente ahora, tengo revoloteando entre mis dedos la carátula de un  casette.  ¿Cuánto hace que no uso casettes?

Me doy cuenta que no hago otra cosa que pensar en ti. Introducción de luz verde para alguien como tú que, culpable o no, y hasta que me olvides habrá de pasar un rato. Y digo un rato, por no decir un along algon time. Ya que soy el rey, y que a pesar de serlo y de tenerlo todo, tengo todo excepto a ti. No sé tú, pero yo me bajo del trono doy la media vuelta y espero hasta el día que me quieras. ¿Cómo es posible que alguien como tú, se atreva a rechazarme?
Si somos novios y sin ti, yo rey sin corona tejí una historia de amor, suave. 
Grrrrr No culpes a la noche. No culpes a la playa, no culpes a la luna ¿será que no me amas? 

¡Ay! Boleros. Qué no. No tienen nada que ver con  las boleadoras que usaban los gauchos para atrapar animales.  Los boleros son más bien canciones para atrapar corazones; y Luis Miguel era tan jovencito cuando se lanzaba al ruedo…

Huellas lectoras.

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las preguntas

¿Cuál habrá sido la primera palabra que se colgó de la boca de nuestros ancestros?

¿Qué habrán creído  les sucedía, cuando lloraron o rieron por primera vez?

Y si sucedió. ¿Qué gesto, movimiento los habrá provocado?

Si la crueldad y la maldad  no existen en la naturaleza como algo premeditado, ¿dónde principia el mal en el ser humano? ¿Qué lo originó?

Porque hasta donde sé, el único en pergeñar, diseñar el mal y el sufrimiento a otro ser vivo, es la raza humana.

Somos capaces de increíbles hazañas, de cosas maravillosas; pero tristemente de lo peor. De crueldades inimaginables, inenarrables.

Me interesa su raíz.

 

de hilos para una urdimbre
Te estoy mirando

Te estoy mirando


retomamos los hilos

La tarde y su silencio amarillo
frente a un sol de otoño
en retirada.

 

En el fresno que se yergue frente a la ventana,
un nido protege la vida.
El viento lo acuna

 

Tiempo de preparar la tierra. Abonarla. Reservarla, y cuando llegue el momento
Lanzar al aire semillas, sueños,  proyectos.
Luego habrá que regar, cuidar, desmalezar
para que vengan fuertes
y generosos los frutos.

 

Y todo se cocerá en la oscuridad del vientre-nido.
Tierra vientre nido
Mar vientre nido
Útero vientre nido
Grieta vientre nido
Cuerpo vientre nido
Mente vientre nido
Todo se está gestando, se está naciendo y muere; para volver a empezar.
Ciclos.

 

Creo, y estoy haciendo un vuelo rasante sobre la naturaleza; que la vida toda principia en la oscuridad.
¿Se dan cuenta?
¿Qué fue primero; el huevo o el nido?

Nidos / nelida©


seguimos tejiendo ¿Dónde anida tu alma?

Constelación
Sí, hoy.
Golondrinas.
Golondrinas
como estrellas estampadas
en la noche.
Algunas con los ojitos cerrados,
otras,
con las alas
dibujando profecías.

 

Sí, hoy.
Cuando nidos invisibles
reclaman su
pedacito de cielo.

 

 

El cielo, las constelaciones, los pájaros. Todo podría asociarse al alma.
Un colibrí.
El amarillo del otoño.
La sonrisa del bebé. Su mirada curiosa.
Las manos cansadas y rugosas de los ancianos, que a pesar del tiempo, siguen creando, tejiendo vida.
La gota única e impertinente de la última lluvia.
Lo servicial de nuestros animales.
Los abrazos subversivos.
Todos los besos. Menos los insulsos.
La ternura.
La sonrisa.
Las lágrimas.
La tenue y silenciosa luz  de una vela.
La invocación de la música.
La entrega abierta  y confiada al cuerpo  de tu amado/a.
El sendero de un bosque llovido.
Esa línea que te transporta lejos de donde estás leyendo.
Tantas.

 

¿Dónde anida tu alma?
Mientras escribo, escucho a Ludovico Einaudi, te lo recomiendo.

 

 

 

 

 

 

 

 


de hilos para una urdimbre…

La velocidad de los días.

A veces el cuerpo urge con sus razones. Late al compás de un corazón entorpecido por el vértigo.

¿Cómo se recorre un camino que viene enrevsado de ansiedades?        Nos faltan ojos. Ver. Sentir los pasos. A veces… detenernos para seguir. Escuchar/nos.  En la velocidad, se me antoja que el alma se ausenta. Imagino que tiene su propio ritmo. Me atrevería a decir, que ostenta el ritmo del universo; que se manifiesta en la armonía, la risa, el juego, el llanto. En el silencio, los sueños,  la comunión sexual, amorosa, en el diálogo o el debate. En ese rayo de luz filtrándose por las hojas recién nacidas del roble, en el aire diáfano, en la grieta y la sombra que dibuja mi silueta.

¿Dónde está? ¿Dónde estás?


ovillo

escritura

 

 

de hilos para una urdimbre


a veces los hilos son invisibles

Volviendo a los hilos.

Unos días atrás, me encontré con un viejo conocido. Pintor él, que estaba restaurando los murales de la vieja catedral de la ciudad. Nos pusimos a charlar sobre pintura, escultura, fotografía, literatura y sobre la situación en que se encontraba la biblioteca en la que trabajo. Fue un instante. Miró hacia adentro de la biblioteca, me miró y dijo: “vos tendrías que estar viviendo en una casa frente al mar, haciendo lo que te gusta”  Quedé perpleja. ¿Cómo lo supo? Ese es un sueño que mantengo a fuego lento, desde hace muchos años.

Luego pensé en esos  hilos invisibles que nos unen.

El resto del día no pude hacer otra cosa que pensar en sus palabras. Lo veía. Su cabello anaranjado. Sus ojos. Su rostro de hombre mayor y de haber andado mucho y bien, me resultaban casi mágicos.

A lo que no puedo explicar, lo llamo magia, misterio.

Indudablemente hay gente que nos puede leer el alma, o los deseos.

¿Te das cuenta? Otra vez invocando el alma.

Ha de ser porque estoy impregnada del libro que te mencionaba. Anam Cara. Allí menciona que los celtas creían que el cuerpo estaba en el alma, y no al revés como lo tenemos aprendido los occidentales.

Pensalo. ¿Cambia verdad?

Es gracia a ese libro y  a otras circunstancias, que de tanto en tanto logro conectar con mi alma. Ojalá pudiéramos sentirla con más frecuencia y prestarle más atención. ¿Cómo describirte lo maravilloso que se siente, sentarse a su vera?

¿Estás hablando del alma?

Sí.

¿Cómo conectar?

En verdad no lo sé. Puedo decirte que requiere quietud. Silencio.

Alma: ¿luz, reflejo, movimiento sutil? ¿Verbo?

 

de hilos para una urdimbre


retomamos la pregunta “de hilos para una urdimbre”

¿Te ha sucedido necesitar con urgencia viajar a ese espacio-geográfico etéreo que alguna vez habitó tu infancia?

****

En lo personal he sentido más de una vez esa necesidad. Quizá porque volver a ese espacio, tenga que ver con un deseo secreto de unir fragmentos. Quizá, porque esos espacios lleven en su aire la memoria de un tiempo feliz.

¿Feliz o pleno?

¿Cómo explicarías la plenitud?

Diría que es como un estado de “gracia”.

¿Estado de gracia?

Sí, lo sé, es difícil comunicar la sensación.

Entre paréntesis

Tuve que salir. Hay cosas que le competen sólo a uno. Ésta es una de ellas.

De camino aproveché para ir al supermercado. En la bolsa de las compras fui guardando pensamientos que florecían en ese espacio-tiempo de la infancia; donde la dualidad no ostenta el poder sobre el territorio del ser.

Recordé haber leído la frase de un cacique en relación a la vida toda, que decía más o menos esto: “Somos una gran telaraña. Estamos a unida a ella, por hilos invisibles. Si tocamos un solo hilo, toda  la telaraña tiembla”. Volvió a fascinarme; porque es en ese estado de “gracia” que uno logra sentir esa unión. O al menos a mí me lo parece.

Compartimos la semilla del origen.

Somos barro y agua.

Tierra y mar.

Polvo de estrellas. (Gracias Carl Sagan) 🙂

Somos el universo en una pequeñísima porción deletreando

su creación dentro de cada uno

de nosotros.

Llevamos en nuestros genes,

el Principio.

 

Soy una partícula infinitamente diminuta.
Un uni-verso dentro del universo.
 

de hilos para una urdimbre… seguimos

 

Un cuaderno y un lápiz para seguir.
Hoy se deja ver el sol. Manos y  piernas se deleitan en su luz. Un mini poema como salido del aire se precipita sobre  la hoja.

 

 

Ni correa
ni soga
Lazo
Secuencia de luz
enlazando corazones.

 

 

Vamos por una foto, la foto que inaugura la llegada al blog.
otros tiempos/1

El arroyo que cruza por detrás de casa.

Como podrán ver la foto está totalmente editada, algo que disfruto mucho y  en cantidades infinitas, como infinitas son las posibilidades de una imagen
Allí vuelvo una y otra vez cuando busco algo que no sé; o ese algo que no sé me anda buscando.
¿Te ha sucedido necesitar con urgencia viajar a ese espacio-geográfico etéreo que alguna vez habitó tu infancia?
Te dejo la pregunta.

 

 

 


el miedo…

¿Qué experiencia lo  habrá originado? ¿Cuándo fue que se nos empozó en el alma y nos hizo caminar cojos? ¿Sin alas?
Un par de días atrás y en un otoño incipiente, el miedo se convertía en el pan de todos los días.
Han pasado 41 años de la embestida. Han pasado 41 años desde que el golpe militar, se  hiciera efectivo.
Por aquella época hombres sin escrúpulos y miedosos hasta la médula, proyectaron su terror hacia toda una sociedad. Pasaron muchas cosas, muchas vidas. Pensar distinto era peligroso, pensar también lo era. Hace 41 años, se sentaba en la silla presidencial algo parecido a una bestia. Su plato preferido era el miedo.
Eran tiempos convulsos, se sentía olor a animal herido. Grupos armados querían imponer el orden, a costa de matarse entre sí y sembrar temor, inseguridad en nombre de la justicia, la igualdad y la libertad. El plato estaba servido y la bestia no se haría esperar para acabar con él.
En esa época yo tenía12 años. Mi escuela quedaba lejos de casa y yo iba y venía a pie. No había para pagar colectivos y menos para que mis padres se pusieran en el trámite de llevarme y traerme. Tengo el registro de volver a casa al medio día y sentir de la nada, miedo a ser alcanzada por una bala. No sucedió. Pero el aire que se respiraba llevaba filamentos de odio, miedo y terror. Hubo secuestros, muertes, desapariciones, robo de niños, tortura, sangre, odio, hedor.
Los ciudadanos nos habíamos vuelto ciegos, sordos y mudos. Y los militares solo tenían un objetivo: cazar a los guerrilleros; no para llevarlos a la justicia, no. Había que erradicar de cuajo la mala sangre. Había que desaparecerlos.
La noche se cerraba sobre sí misma  y pasaría mucho tiempo hasta que se filtran hilos de luz.
A 41 años miro para atrás, y veo con espanto que aún quedan resabios de esa manía morbosa de imponerse al otro por la fuerza. Empuñando un arma o con abuso de poder.
¡Cuánto despliegue para decir Miedo!
Y allí como en un acto de magia, el plato se sirve a la mesa para la bestia de turno.
¿Aprenderemos alguna vez, que si consideramos nuestra vida valiosa, la del otro-otra también lo es? ¿Seremos capaces de mirar a los ojos de aquellos que consideramos enemigos y ver más allá? Vernos a nosotros mismos, iguales; pero distintos. Humanos.
Hoy cuando publico este post, se cumplen 35 de la Guerra de Malvinas. Otro capítulo triste en la historia Argentina.
¡¡Ay la guerra!!
 Se propusieron jugar con fuego y lo lograron. Al final del día, cenizas inocentes ahogaban el cielo.  

 

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Gracias Pablo Bernasconi por tu homenaje.

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