Archivo de la categoría: abuela

estoy de estreno

Segunda temporada de Abuela.

Martes 16 de octubre bajo un cielo estrellado y de una belleza singular, nace Enzo, mi segundo nieto.

La familia se multiplica…  y la alegría, la ternura y la vida se entrelazan, tejiendo historias de amor, reconocimientos, renaceres.

Ya pasaré a visitarles.

secretos

Ilustración de Raquel Díaz Reguera “Abuelas de la A a la Z”

 


de regreso

Regreso bienaventurado. Parece que se agranda la familia. Sí, seré abuela (yaya). Aquí mi primer poema para él o ella.

 

 

Se descolgó del cielo con ayuda.

Es una estrella.

Hasta que madure deberá refugiarse en aguas cálidas, fecundas.

Las pequeñas estrellas son así.

Han de brillar una vez  recorrido el camino.

 

Se descolgó del cielo con ayuda.

Se gesta.

Afuera la alegría que libera su llegada

va encendiendo corazones.

Aún no brilla en todo su esplendor,

pero  Ilumina.

No podría nunca imaginar el afuera.

Miles de brazos y corazones le darán la bienvenida.

Es la primera estrellita en mucho tiempo.

Hacía años que en la familia no veíamos  surgir una.

Una que nos recordara lo maravillosa que es la vida.

Mientras crece, sus padres ungidos en la rueda del amor,

preparan el nido para su llegada.

Todo brilla. Es luz, colores. Bendición.

Bendición que es oración y agradecimiento.

Oración amorosa para ellos que la contienen

y la esperan desde hace tanto tiempo.

Está creciendo silenciosa.

 

Se descolgó del cielo con ayuda.

Va tomando forma.

En breve iluminará su espacio.

¿Nosotros?

Nosotros agradecidos de su presencia única e irrefutable.


nostalgias de niña

Desparramadas en la cocina, ollas. Al borde de la cama, yo, con las rodillas descubiertas, los pies desentendidos. Apresurada, somnolienta, para que no entre en fuga, convoco la tinta y el papel sobre mis muslos. Ritual enajenado.

Afuera hace frío, los papeles se pierden entre las sábanas.

Viajo a la cocina, a mis ollas… una grande otra pequeña que he de llenar con agua de lluvia y  añoranzas.

El recuerdo de mi abuela adoptada, pasa a través de mí, como un film. La abuelita, como le decíamos, está parada junto al fuego al pie de su cerro, cocinando en una olla de hierro, el alimento para todos nosotros, nosotros que somos extranjeros a su mundo, y no tanto, nosotros que estamos ávidos de verde, arroyos con vertientes naturales, cascadas altísimas que nos invitan a lanzarnos de cabeza y caballos domesticados, para que torpes como éramos, pudiéramos montarlos sin caernos y con poco temor.

Ella, cocina caldos sabrosos, condimentados con  paciencia. Ella sabe, que cada cosa tiene su tiempo, lo aprendió viviendo en ese pequeño paraíso natural.

El recuerdo se esfuma y parada frente a las ollas, mis ollas, anhelo volver verla, y pedirle que me enseñe a cocinar esos caldos, que nos entibiaban el alma y nos devolvía como hijos naturales, a la madre tierra.

No, no cierres la puerta, que los rayos del sol entren a la casa, bañen y resplandezcan  los bordes de la mesa.

Me siento al borde de la cama, comparto mi caldo.

Una sonrisa se enciende.

**

la imagen fue tomada del Banco de Imágenes Gratuitas