breves, brevísimos…

Tengo un colibrí tornasolado revelándome el día.
Uno, en  la pantalla de mi computadora
el otro,
sobre el clarlíndeguerra que doblega mi jardín.
***
Adquirió tanto el cuerpo de la urbe, que cuando regresó al bosque, tuvo que mudar su piel, durante muchos inviernos.
***
Pasó veloz, raudo. Tan, que desgarró el palimpsesto de una ciudad antigua.
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