lee por mí

Ella repartía ante un público expectante, poemas.
Poemas huecos, profundos de sonidos brillantes.
Le decía a cada espectador: por favor, lee por mí, que tengo la garganta terrible, que me duelen la vocales, las palabras y me atraviesan consonantes.
Lee por mí (lo decía con voz clara, secreta).
Lee al vagabundo de la esquina, al caballero oxidado, a la viejita plateada, a la adolescente feroz, al niño caperucita, a la señora engominada, al joven imaginador.
Lee por mí, que yo no puedo con esta impertinencia.

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10 responses to “lee por mí

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