Poesía y esa extraña manera de decir las cosas…

Amó su cuerpo voluptuoso.
Marinero adentrado en la mar
se dejó arrastrar,
por el ímpetu de sus olas.
Urdió con sus finos dedos
redes invisibles,
sobre los pliegues renacentistas
orgullosos.
La abarcó entre sus brazos,
feliz de ser su único habitante.
En la desnudez y entrelazados,
sus cuerpos naufragaron
en una vastedad oceánica
de energías vibrantes,
unificantes.
Sonrió ante tanta desmesura.
Cada beso,
cada caricia,
fue la huella precisa
e inasible,
hacia esa tierra de suaves médanos
que ocultaba tras sus ojos,
la más perfumada y bella flor.

Fotografía de Jan Saudek
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