mini-relato dedicado

Tengo un amigo, al que le gusta sembrarse flores en los oídos.
Con parsimonia, deja caer semillas sobre su oreja derecha, pues dice, que es una manera linda de andar extendiendo las palabras que le entran por su oreja izquierda. Y que aunque algunas suenen angustiosas, desoladoras o tristes, al pasar por ese túnel invisible, que conecta a ambos oídos, saldrán multiplicadas en colores y formas extrañas.
Así, dice él, podrá plantarle siempre una sonrisa a la vida.

Secreto: cuando no tiene ganas de escuchar de nada, ni de nadie, ni del mundo, se coloca una caracola marina, amarrada con un cordón dorado. Su oído derecho entra en otoño, desciende al silencio.

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