Umbrales

Abrió la puerta desgarrando las viejas bisagras. El polvo acumulado por los años enrarecía el umbral. Entró en silencio y se quedó parado frente a un espacio roído, agonizante. En la habitación, sólo un sillón enmohecido delataba cierta presencia, aunque parecía que nadie habitara aquella casona del siglo pasado. Febril en el lugar, escarbó con la mirada cada rincón, cada cáscara amarillenta arañando las paredes, esperando encontrar algo que contuviera vida. Por alguna extraña razón, aquella circunstancia le produjo cierta congoja, tal vez era ese vacío contenido de una vida inexistente, pensó. Paralizado como estaba, solo atinaba a observar; de pronto sintió que sus piernas no respondían a su voluntad y que sus brazos y manos se adherían a su cuerpo, tiesos, tan tiesos como él. Se asustó y quiso correr, pero no pudo, quiso gritar y tampoco lo logró, con el último mohín de un pensamiento alcanzó a preguntarse, ¿seré un fantasma atrapado en una dimensión invisible a mis ojos?
Sintió su respiración débil y que su cuerpo, en un hormigueo celular, se disgregaba.
Restos de pensamiento volaron por la sala. Su alma, viajera en el tiempo, danzó un agradecimiento alado.
“Entras”
Nicolás Batista
Fotografía
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