Poesía y esa extraña manera de decir las cosas

Yo, ya no recuerdo
como era mi cuerpo antes
de que naciera por segunda vez.
Tampoco recuerdo mis ojos
en la despedida agonizante,
cuando el beso partió en dos
el terrible color del abrazo,
que unió nuestros cuerpos,
en velero áurico.

Yo, ya no recuerdo mi nombre
porque no lo tengo desde hace mucho tiempo,
lo perdí en cruenta batalla,
despiadada batalla con mi ser interior
Por eso, camino asustada,
cansada,
sabiendo que alguien me puede rebautizar
y de ese modo, amarme
¿poseerme para siempre?

¿Qué somos sin nombre?
¿Quizá la imagen absurda de una conspiración amorosa,
con triste final?
¿La síntesis de una guerra fatal
entre nosotros mismos?

Yo, ya no recuerdo mis manos,
porque ellas se han fundido con la tierra misma,
dejando solo huellas imperceptibles
que me ayudan a mirar
desde estos ojos fríos,
cuando la piel ya no es piel,
sino tan solo un abismo.
Espacio reclamado
con gritos de espanto…

Yo ya no recuerdo mi boca,
ni mi voz, ni tu voz.
Nada,
porque hace tiempo que no se quien soy…

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