este cuento

surge de una historia que me contaron. Se los dejo para que lo disfruten y por supuesto siempre son bienvenidos sus comentarios.
Saludos!
…y esa vez el amor viajó en tren
Es un sol de otoño que abraza la tierra seca. Si observás tirado en el suelo, las vías que tantos años transitó el tren desde un pueblo a otro, vas a encontrar al final de tu mirada una polvareda socarrona, encarnizada, que como el viento eleva desde las entrañas, la memoria inevitable, arremolinándola a tus pies, y tus pies ahora desnudos, pueden presentir el encuentro tormentoso escandaloso de tantos años atrás. Entonces buscás en los bolsillos de tu pantalón, en los de tu camisa leñadora tratando de encontrar algún indicio que te lleve hasta el límite de las formas y los hechos para poder así retener en tu memoria, tan solo en tu memoria, la alegría, el encuentro y la audacia de esos dos seres que dieron origen a la mayor de las habladurías, a la mayor de las desgracias y a la mayor de las pasiones. Sin embargo no te contenta lo que te dicen y querés saber más, pero no te animás a preguntar y como todas las tardes después de la escuela corrés azorado, como hipnotizado, a la estación de trenes esperando hallar el tesoro tan buscado y como todos los días te desplomás al suelo y te quedás esperando que llegue alguna señal que devele ese secreto que de tan bien guardado se convirtió en tabú; pero los días transcurren y vos no logras con tu adolescencia adelantada, el cuerpo y la mente convulsionados por esta obsesión, registrar las pequeñas partículas que traen en su interior toda la información que necesitás, todo por estar así de ansioso y desesperado. De pronto un viejito que vive desde hace años en un rancho cercano a la estación te pregunta ­__ ¿qué es lo que estas buscando?, asustado te levantás y corrés para detenerte unos metros más adelante y con el paso lento y agitado volver hasta él. Lo observás y calculás la edad, tus ojos resplandecen como si hubieses encontrado lo que tanto tiempo habías estado esperando y preguntás, con la eterna pregunta: __ ¿señor, usted vivía aquí cuando ese hombre y esa mujer se fugaron juntos? Él se queda pensativo un rato y luego responde Como disparado por una flecha, lo tomás de la mano y lo instás a que te cuente la historia.
__Bueno muchacho eso fue hace mucho tiempo y yo que no recuerdo bien las cosas pudiera ser que me equivoque en los detalles, así que detalles no vas a tener. Lo que puedo decirte, es que fue un escándalo magnífico, hermoso. Una especie de sortilegio para los cobardes, para los ricos que se procreaban para organizar y destinar con sus propias manos la vida de los suyos, porque eso eran precisamente sus hijos y parientes cercanos, propiedad exclusiva de los que de una forma u otra ostentaban el poder, pero esta mujercita de apariencia frágil, se les escapó de las manos, de los ojos, del poder, para perderse sin quererlo en otros ojos, en otras manos otra piel, que no era justamente el hombre que le había sido destinado.
_ ¿qué sucedió?
_ según dicen ella estaba en el andén amarillo esperando a que llegara su prometido, es decir, el hombre que la iba a desposar y con el que debería pasar el resto de su vida, aunque no hubiera amor. El tren se acercó lento esa vez como ninguna otra, parece que la máquina tenía un problema y no podía avanzar como de costumbre, una vez en la estación los pasajeros comenzaron a bajar y sin querer ella miró a quien no debía y dicen que fue tan profunda la conexión a través de sus miradas, que creyeron conocerse sin haberse visto nunca jamás y que en ese momento supieron y aceptaron las señales que la vida les entregaba, tan es así, que en menos de lo que tardamos en hacer una inspiración y una exhalación, habían desaparecido juntos entre el tumulto de la gente que seguía descendiendo del tren. Por mucho tiempo no se supo nada. Luego nos enteramos que habían escapado en el mismo tren, escondiéndose en unos de los vagones de carga.
Después del hecho, en el pueblo se murmuraba por lo bajo y a escondidas sobre el coraje de esos dos, nadie se atrevía a decir en vos alta lo que tantos querían decir, porque como en todos los pueblos se aplaude por lo bajo y se cercena por arriba. Un día tormentoso se los vio aparecer con una niña en brazos, felices sonrientes y como sopesando en cada pisada la mirada de la gente. Dicen que ella vino a despedir a su padre que estaba en sus últimos suspiros y para que conociera a su nieta. Estuvieron unas horas en la casa y entre lágrimas y abrazos de adioses se fueron como habían llegado.
El muchacho que miraba extasiado al viejo, comenzó a llorar casi sin querer. Su cuerpo estremecido por lo que acababa de escuchar, no dejaba de vibrar como una fina hoja de papiro expuesta a la peor de las tempestades, fue entonces que el viejo se dio cuenta de su estado y le preguntó que sucedía, solo atinó a decir y luego de unos segundos se desplomó en el suelo, apoyó su oreja en la tierra y en un susurro casi ininteligible le habló ¿a la vida?
El viejito no pudo escuchar lo que decía, pero tuvo la sensación de que algo no estaba bien, Absorto y enjugado en lágrimas solo alcanzó a decirle que era nieto de esa pareja y que ante tanta mudez por parte de sus padres, hacía tiempo que había decidido averiguarlo por el mismo y ahora que lo sabía, se sentía convulsionado e inundado por una inmensa ternura ante tanto coraje, ante tanta valentía y certeza de saberse atrapado por un sentimiento infinito e irreductible.
Se despidieron como se despiden los mensajeros portadores de secretos extraviados en el tiempo, no volverían a encontrarse.
Pasaron los años y el muchacho se hizo un hombre. Cazador solitario de miradas, que le pudieran develar el encuentro afortunado y brutal con la mujer de su vida, no tenía un ideal preciso y como embrujado por la historia de sus abuelos se pasó la vida descubriendo los ojos de cuánta hembra se le cruzara en el camino. Cansado de no encontrar lo que encontraron ellos, decidió para sí, que al él no iba sucederle lo que a ellos. Error de su parte, porque con semejante afirmación, lo único que logró fue clausurar para siempre dentro de sí, la visión esencial que emerge desde las profundidades del alma y transformarse así, en un experto de mirada atascada, que solo lograba liberar en la negrura de la noche bajo el manto inescrupuloso de los sueños.

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