en la ciudad


El nido

Con paciencia infinita y el plumaje aterido por la lluvia, transporta valiente y decidida restos de pasto, ramitas, plumas sutiles que volaron sin dueño.

Ella, artífice de su hogar en un día lluvioso, es diosa de la vida, pues sigue su instinto y nada la detiene, la fuerza de la naturaleza es su naturaleza. Lo que me sorprende y maravilla es su obstinación por construirlo entre el metal y la luz ámbar del viejo semáforo de la ciudad. No es que falten árboles, pero me pregunto: ¿al lado de quien querrá estar cuando los autos indecisos no sepan si cruzar o no?, ¿pretenderá susurrarles algún secreto, que nosotros humanos empobrecidos en la lucha por la vida hemos olvidado?, ¿qué alma solitaria, la observará desde la distancia legal imperceptible, conmoviéndose hasta las lágrimas, recordando así que alguna vez ella también tuvo alas?, ¿qué mensaje querrá develarnos?, ¿o será, que sin pareja, decidió construir su hogar, al calor de una luz intermitente y artificial, que pudiera guarecerla de las tempestades humanas y naturales?
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