Umbrales

 

La vieja puerta de nogal, rasgaba penumbras, infinitas heridas de tiempo.    Comenzó a entornarse al tiempo que un pie desnudo, asomaba tímido, como desgranando sueños.
Mis ojos, eternos escrutadores, volaron ávidos hacia la silente aparición. Cuando logré alcanzarla, se esfumó.
En el espacio definido del umbral, una única pluma blanca danzaba.
No podría decirles de donde llegaba la música.

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